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24 DE ENERO: MEMORIA VIVA Y DIGNIDAD OBRERA


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“24 DE ENERO: MEMORIA VIVA Y DIGNIDAD OBRERA”

Ángel Luis Castellano Bobillo - Secretario de Acción Sindical de FSC CCOO-Cuenca

A uno con la edad a veces se le pasa la fecha de los cumpleaños de gente cercana o familiares, pero hay algunos días en el calendario que no se han olvidado nunca. Y una de esas fechas es el 24 de enero. Desde que empezó a interesarme la historia, ya en los primeros años de escuela primaria, y sobre todo en el instituto y gracias a profesores como Enrique Barrera primero, o Rogelio Sánchez después, la historia más reciente de nuestro país fue objeto y prioridad de mis inquietudes y terminó forjándome como persona de izquierdas.

Y si en general la etapa de la denominada “transición” fue un periodo interesante pero a la vez convulso y muy complicado, en el camino para la recuperación de las libertades después de cuarenta años de dictadura franquista, los últimos días del mes de enero del año 1977, catorce meses después de la muerte en la cama de un hospital de Franco, serían unas jornadas protagonizadas por la extrema violencia y los intentos de las estructuras, aún intactas, del régimen dictatorial para mantenerse en el poder y acabar con cualquier atisbo o signo de cambio, reforma, avance…. democrático, tan ansiado y deseado por el pueblo español.

El lunes 24 de enero, a las once menos diez de la noche, tres pistoleros fascistas se presentaron en el bufete de abogados laboralistas de la calle Atocha, 55 de Madrid. Buscaban a un compañero de las Comisiones Obreras, Joaquín Navarro, que había sido uno de los promotores de la huelga del transporte privado de viajeros y que tras cinco días de movilizaciones y negociaciones se consiguieron los objetivos propuestos.

A pesar de ello, los pistoleros abrieron fuego a quemarropa contra los abogados y compañeros que se encontraban en el despacho. Javier Sahuquillo, Javier Benavides, Enrique Valdelvira, Serafín Holgado y Ángel Rodríguez Leal mueren en el acto y otros cinco resultan gravemente heridos: Lola González, Alejandro Ruiz, Luis Ramos y Miguel Sarabia. Ángel Rodríguez, que había emigrado desde su pueblo, Casasimarro, a Madrid, era un trabajador de Telefónica que fue despedido y que en esas fechas desempeñaba funciones de administrativo en el bufete de abogados.

Según cuentan ese mismo día, el conquense, fue al sindicato “vertical” franquista donde tuvo “unas palabras” con el responsable de la patronal (Sindicato provincial) del Transporte, Francisco Albadalejo, quien luego sería condenado en el juicio por esta “matanza de Atocha” por ser uno de los instigadores y promotores del ataque fascista.

Todavía hoy conozco a un afiliado y amigo de Ángel sque e le saltan las lágrimas cuando recordamos este aciago día; que tuvo una respuesta en un entierro, organizado dos días después por el PCE, partido en el que todos militaban, por las calles de Madrid al que asistieron cientos de miles de personas. Respuesta silenciosa y serena, de rabia contenida, para evitar la reacción militar que tanto ansiaban muchos sectores y herederos del franquismo.

Así es como el régimen, y sus tentáculos, actuaban para intentar acabar con las movilizaciones de los trabajadores y la acción sindical de las Comisiones Obreras, con el apoyo de los despachos de abogados laboralistas. Criminalización y represión que tuvo en este ataque su mayor exponente, pero fueron años jalonados de víctimas: Yolanda González, Enrique Ruano, etc.,etc.

Movilizaciones y huelgas que treinta y nueve años después siguen siendo criminalizadas y represaliadas, sin pistolas, pero con el mismo fin de recortar o aniquilar derechos fundamentales y constitucionales. Un derecho de huelga que está sufriendo una campaña de acoso desde hace años, y que hace que ahora más de trescientos sindicalistas estén denunciados y sancionados administrativamente, dentro de un contexto de intervenciones legislativas desde el gobierno del PP con la “ley mordaza” y la aplicación del artículo 315.3 del Código Penal.

Una persecución que alcanza su culmen con la petición de 64 años de cárcel a ocho sindicalistas de la empresa Airbus (7 de CCOO y 1 de UGT) y cuyo juicio empieza el próximo 9 de febrero. El delito de estos compañeros es haber participado activamente en la organización y promoción de la huelga general del 29S en 2010 contra la reforma laboral del gobierno del PSOE (Rodríguez Zapatero).

Una criminalización del derecho de huelga, al que nunca renunciaremos desde CCOO, y que no logrará someter al sindicalismo en su tarea irrenunciable en la defensa de los derechos e intereses de los trabajadores y trabajadoras.

No queda sino terminar este artículo de reconocimiento y memoria de estos compañeros con la satisfacción de ver recuperado de su “clandestinidad” al cuadro “El Abrazo” del artista Juan Genovés, símbolo de la transición española, y que ahora se expone en el Congreso de los Diputados, sede de la soberanía popular.

Un cuadro, que inicialmente se tituló “Amnistía” por haber sido la imagen, en forma de poster, de la campaña de la Junta Democrática (coalición antifranquista del PCE, PSP, PTE, CCOO e independientes) para pedir la liberación de los presos políticos. Uno de esos posters estaba en el despacho de abogados de Atocha, 55 la noche en que fueron asesinados los cinco compañeros que son memoria viva de cómo se recuperó la Libertad y Democracia y de la Dignidad de la clase trabajadora.

 “…. si el eco de su voz se debilita, pereceremos” (Paul Éluard)