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LOS BECARIOS, EXPLOTADOS POR EMPRESA, UNIVERSIDAD Y GOBIERNO

Eduardo Robaina - bez.es/

El 42% de los aprendices no confía en tener empleo

España ha sido, y lo viene siendo cada vez más, un país de becarios. El mundo laboral está repleto de jóvenes y no tan jóvenes trabajando como estudiantes en prácticas pero que realizan las mismas tareas que si tuviesen un contrato de trabajado. La situación es dramática: en demasiados casos no cobran y sus condiciones laborales, sencillamente, no existen.

España es el segundo de la Unión Europea por número de becarios, solo detrás de Eslovenia y muy por encima de la media, según refleja el estudio Juventud, habilidades y empleabilidad 2015 realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

La Universidad es, paradójicamente, una de las fuentes generadoras de esta situación, ya que pone al servicio de las empresas sus bolsas de empleo. En ellas no existen grandes filtros para que aquellas ofertas calificadas como inadecuadas no sean ofertadas.

Ante tal permisividad, las empresas pueden seleccionar a su criterio a jóvenes que saben que están deseando ponerse a trabajar a cambio de las ya clásicas ofertas consistentes en: “te damos visibilidad”, “estarás aprendiendo” o “aún eres muy joven, te vendrá bien para coger rodaje”. El mensaje final casi siempre es el mismo: no verás ni un duro y en cuanto se te acabe el convenio, tú te irás y entrará otro que hará lo mismo que tú.

Y, a pesar de las más que cuestionables condiciones que ofrecen, los requisitos para el puesto son comparables al que le pedirían a una persona con años de experiencia y manejo de varios idiomas.

Becarios precarios

Estos días se ha presentado el Informe de la Profesión Periodística que elabora cada año la Asociación de la Prensa de Madrid, donde recoge los principales problemas y preocupaciones de los profesionales, así como un repaso al estado del periodismo en general. Según el informe, más de un 93% de los encuestados trabajó de becario aunque un 48,1% no recibió nada a cambio, casualmente el mismo porcentaje de personas que, una vez cumplido el periodo de prácticas, no le fue renovada la beca.

Cada año salen una media de 3.000 nuevos titulados en Periodismo según el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Actualmente, los estudiantes viven encadenando prácticas unas tras otras. No han terminado las últimas y ya están poniendo un pie en la siguiente. Como si de un mundo paralelo se tratase, donde por un lado están los que tienen un trabajo con un contrato real; y luego los becarios y estudiantes en prácticas, que deben ir vagando por el mercado laboral en busca de alguien que le ofrezca unos meses de prueba.

Como refleja el citado informe, al preguntar por las esperanzas de encontrar un primer trabajo, un 42,3% piensa que no tiene alguna posibilidad mientras que un 46,2% cree que es muy difícil. En cambio, solo un 7,7% se muestra seguro de que lo encontrará. Este es el panorama que se ha terminado por construir. Ya es una realidad, donde el paro y la precariedad laboral es la principal inquietud de los periodistas españoles.

Julián, que actualmente se encuentra cursando el último año de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, recuerda cómo en el primer año, fruto de su inocencia y ganas por publicar en un medio, decidió aceptar unas prácticas a pesar de que, como estipulan los Planes de Estudio, no se pueden realizar hasta tener la mitad de los créditos de la carrera cursados.

El joven narra que no disponía de ningún tipo de contrato que le ligase a la empresa a pesar de que estuvo todo el verano trabajando y haciendo uso del material de la empresa, incluido el coche, por lo que si hubiese habido un accidente estaría sin seguro médico del trabajo.

Como relata Julián, a cambio de estos meses donde estuvo como redactor en prácticas no recibió nada a cambio y, únicamente cuando acabó su periodo de pruebas, fue obsequiado como agradecimiento con unas copas en la feria de Talavera. Como suyo, son cientos los casos y su número se ve incrementado en periodos estivales como verano o Navidades, coincidiendo con las vacaciones de los trabajadores contratados.

Mayor implicación de todos

Son variadas y numerosas las razones por las que la explotación de los becarios se ha convertido en algo habitual. Incluso es cada vez mayor el número de estudiantes que deciden dejarse asignaturas sin cursar, que posponen año tras año su Trabajo Fin de Grado o que se apuntan a algún curso para que las empresas puedan establecer un convenio de prácticas. Es una práctica ya usual y repetida que los jóvenes prefieren estar en una empresa sin cobrar o por un sueldo ínfimo en lugar de verse en el paro y sin la posibilidad de que empresa alguna les contrate.

Es por ello que se hace difícil luchar contra algo o alguien si los propios afectados no son conscientes del daño que hace seguir por el mismo camino.

Por otra parte, las empresas y las Universidades suelen desentenderse de los alumnos en prácticas, hecho que denuncian un 21% de los jóvenes encuestados por la OCDE y que se contrarresta con lo estipulado en el Real Decreto 592/2014, de 11-7, por el que se regulan las prácticas académicas externas de los estudiantes universitarios.

En su artículo 9.1.a., y más detalladamente en el artículo 10, se afirma que debe existir un tutor tanto por parte de la Universidad como por parte de la empresa que supervise al estudiante. Esta figura cada vez está más desaparecida y, en muchos casos, se suele encontrar que un solo profesor ejercer la tutela de todos los alumnos de la Facultad, dándose el caso de que jamás haya un contacto entre ambos.

Un problema que se extiende

A pesar de que la problemática se enfoque en los estudiantes en prácticas, el problema no acaba ahí y está asociado a la precarización del empleo en general y en el sector de los medios de comunicación, en particular.

Al estar estos sin remunerar, sin un seguro y sin unas garantías mínimas no solo convierte al estudiante que ejerce de becario en un monigote a merced de unos empresarios que solo son capaces de ver un producto de usar y tirar. Si se dota a la base de las peores condiciones, tarde o temprano los que están por encima se verán igualmente perjudicados.

Redactores que cobran menos de 1.000€ mensuales, colaboradores que cobran una miseria por un artículo, fotógrafos cobrando 5€ por foto o corresponsales en conflictos armados jugándose la vida porque una noticia que saldrá en portada nacional no llegará a los 50€. Estas son algunas de las consecuencias ya visibles de la precarización que comenzó con un becario maltratado y que desemboca en un descrédito profesional preocupante.