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SANIDAD CIERRA CIENTOS DE CAMAS


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SANIDAD CIERRA CIENTOS DE CAMAS EN MADRID PARA NO CUBRIR VACACIONES

El Movimiento Asambleario de Trabajadores y Trabajadoras de Sanidad (MATS) calcula que se han cerrado unas 2.000 camas este verano.

El personal se ve obligado a doblar turnos y trabajar en diferentes lugares del hospital para cubrir las bajas.

Las urgencias de los hospitales de la Comunidad de Madrid sufren las consecuencias del cierre de cientos de camas por la falta de personal sanitario.

El padre de Elena Iglesias, de 75 años, acudió a este servicio del Hospital Universitario San Carlos a finales de julio. Allí estuvo una semana, en una sala “de corta estancia”, esperando a que le fuera asignada una habitación porque, según el centro, no había camas “disponibles”. Una sala con 16 personas, sin separación entre ellas, sin lugar para los familiares y compartiendo un mismo baño. Un estado de confusión e incomodidad que hace imposible un correcto seguimiento y atención al paciente, según denuncia la propia Elena Iglesias.

La Sanidad en la Comunidad de Madrid hace malabares para contratar al menor personal posible para cubrir las vacaciones de los profesionales en los hospitales públicos. Como consecuencia, decenas de camas son cerradas -es decir, no pueden ser utilizadas por los pacientes al no haber profesionales suficientes para atenderlas- e incluso plantas enteras se clausuran durante el verano porque no hay personal suficiente para mantenerlas abiertas.

Esto obliga a los trabajadores a doblar turnos y a incorporarse a servicios del hospital donde normalmente no trabajan: médicos de planta que se ven obligados a ir y venir de urgencias o auxiliares que están un día en una planta y otro en otra, todo para “tapar” los huecos que se van ocasionando por vacaciones del personal y la escasa contratación para cubrirlas.

Fuentes del personal hospitalario madrileño consultadas por La Marea aseguran que después de haber sido contratados para cubrir un puesto en una planta concreta son mandados a otros o a urgencias, sin apenas plazo de aviso y, en alguna ocasión, “sin indicaciones ni instrucciones acerca del equipamiento del lugar de trabajo”. Esto, cuentan las mismas fuentes, ocasiona dificultades para coordinar el trabajo y para poder realizar “un seguimiento eficaz” de los pacientes.

Según el Movimiento Asambleario de Trabajadores y Trabajadoras de Sanidad (MATS), unas 2.000 camas han sido cerradas en verano en los hospitales públicos de la Comunidad de Madrid. “El personal de las unidades cerradas cubre puestos de trabajo de otras unidades, algo que enlentece los ritmos de trabajo y disminuye la calidad asistencial”, denuncia. MATS denuncia incluso que se “fuerzan” altas para poder cubrir esas camas con nuevos ingresos.

La Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP), por su parte, se lamenta de que esta política está llevando al colapso las urgencias de los centros. “Los enfermos están retenidos en las urgencias por falta de camas”, relata en un comunicado. “Estamos una vez más ante el resultado de la imprevisión y mala gestión de la administración sanitaria de Madrid”, afirma. Además, muestra su decepción porque, pese al número “escaso” de camas en la sanidad madrileña, estas no se han incrementado aunque se han abierto nuevos hospitales.

Una semana esperando una cama

Elena Iglesias acudió a las urgencias del Hospital Universitario San Carlos el pasado mes de julio con su padre, de 75 años. Tras la consulta habitual en este servicio, el padre de Elena fue asignado a la “sala de corta estancia” que, según cuenta, está destinada a realizar el diagnóstico necesario para saber si es necesario el ingreso y tramitarlo. “Mi padre compartía habitación con otras 15 personas”, relata Elena. “Allí no había aire acondicionado o sofás para los familiares, que nos teníamos que sentar en las camas. Además, mi padre estuvo compartiendo habitación con pacientes con patologías muy dispares, algunas de mucha gravedad”.

Pese a que los médicos aseguraron a Elena que estaban en trámites de conseguir una cama para su padre, ésta no se le concedía. “Nos quedábamos en el pasillo esperando a la habitación, y nunca llegaba”. Los horarios de visita de esta sala son muy restringidos: sólo se permite a los familiares estar una hora por la mañana y otra por la tarde.

Además, según relata Elena, ni siquiera había un seguimiento real de los pacientes. “Los médicos van cambiando y no conocen las historias de los pacientes. Los médicos que pasaban eran los mismos que en otros momentos del día estaban pasando consulta, y así es imposible que pudieran hacer un seguimiento de mi padre”, se lamenta.

En la sala en la que estos pacientes están, en teoría, el mínimo tiempo posible a la espera de tener una cama, no existen biombos o paneles que separen a los pacientes; tampoco más que un baño para todos ellos -16 durante esa semana, hombres y mujeres con todo tipo de patologías-.

La respuesta que dio el hospital a Elena a la queja que interpuso fue la excusa de que el centro “no contaba con camas disponibles para efectuar el requerido ingreso en planta”. La realidad es que con lo que no contaba el hospital era con personal suficiente, ya que según el relato de Elena Iglesias, al subir a la planta “había al menos cinco o seis habitaciones vacías más, pero no personal suficiente para atenderlas”.