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ESTADOS UNIDOS: FAMILIAS SEPARADAS


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ESTADOS UNIDOS: FAMILIAS SEPARADAS

Ana Gómez Pérez-Nievas - Amnistía Internacional

LOS GRITOS DE “PAPI” Y “MAMI” SE REPITEN SIN CESAR, ENTRE LLANTOS ENTRECORTADOS POR UNA RESPIRACIÓN ANGUSTIOSA. ES UN AUDIO GRABADO EN UN CENTRO DE DETENCIÓN

Más de 2.000 menores han sido separados de sus familias como consecuencia de una más de las políticas de “tolerancia cero” con la inmigración del presidente Donald Trump.

Unas políticas que van desde órdenes ejecutivas que impiden la entrada a personas de determinadas nacionalidades de países de mayoría musulmana, hasta devoluciones forzadas y detenciones ilegales, pasando por la criminalización de un colectivo y la falta de acceso a la información adecuada para quienes llegan a la frontera estadounidense huyendo de la persecución en países como Honduras, El Salvador o Guatemala, sin olvidar sus intenciones de ampliar el muro que separa Estados Unidos de México.

Todo es poco para el presidente estadounidense, que ha provocado un escándalo internacional encerrando a los menores en jaulas o enviándolos en avión a albergues situados a miles de kilómetros de sus progenitores, algo que ha sido criticado hasta por los republicanos, e incluso por su propia esposa, Melania.

“Me quise morir. Habría preferido caerme muerta [...]. Sin saber dónde estaba mi hijo, lo que estaría haciendo.” Así relataba María, una mujer brasileña de 39 años, cómo se sintió cuando le dijeron que se llevaban a su hijo de siete. María, que habló con personal de Amnistía Internacional en un centro de detención de Texas, había huido de Brasil cuando miembros de una banda delictiva la amenazaron de muerte por haber denunciado el tráfico de drogas que se producía en la puerta de su casa.

Tras la indignación general suscitada tanto en el ámbito nacional como en el internacional, el 20 de junio el presidente Trump firmó una orden ejecutiva en la que afirmaba que iba a poner fin a la separación de las familias. Sin embargo, esta orden no sólo no resuelve los casos de los más de 2.000 niños y niñas separados a la fuerza que no han sido todavía reunificados, sino que opta por la detención de familias. Es decir, sustituye una violación de derechos humanos por otra.

Los menores, en lugar de ser separados de sus familiares serán detenidos con ellos.

Ya le sucedió a Carlos, que con dos años fue detenido y pasó junto a su madre, Lorena, más de 700 días encerrado. Cuando fue liberado tardó tiempo en dejar de sentir miedo. Miles de personas pueden correr este mismo riesgo.

Tampoco ha asegurado Trump que en el futuro no vaya a reanudar las separaciones, puesto que para poner en marcha la detención de familias necesita conseguir una exención del Acuerdo Flores, que exige poner en libertad a los menores de edad detenidos, en un plazo máximo de 20 días.

CERRAR LA PUERTA

Por otro lado, y aunque con dificultades, retrasos y riesgos, algunas de las personas que huyen de la violencia y la persecución tienen la posibilidad de llegar a la frontera de Estados Unidos por México y pedir asilo ante las autoridades migratorias. Pero ahora el Gobierno estadounidense pretende cerrar su puerta de manera definitiva, y todo indica que busca implicar a México mediante la posible firma de un acuerdo bilateral sobre personas refugiadas.

Bajo este acuerdo, Estados Unidos podría rechazar a las personas que busquen refugio si llegan a su territorio pasando por México, que sería declarado un “tercer país seguro” en donde las personas que necesiten asilo tendrían obligatoriamente que buscar protección. Pero no lo es: México es un territorio mortal para migrantes y posibles personas refugiadas, que pueden ser sometidas a trata, reclutamiento por el crimen organizado, secuestro, extorsión, violencia sexual y desapariciones, entre otras violaciones de derechos humanos.