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YEMEN. ATRAPADOS ENTRE DOS FUEGOS


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YEMEN. ATRAPADOS ENTRE DOS FUEGOS

Juan Ignacio Cortés – Amnistía Internacional

CON MÁS DE 22 MILLONES DE PERSONAS QUE NECESITAN ASISTENCIA HUMANITARIA PARA SOBREVIVIR, YEMEN VIVE LA QUE ES POSIBLEMENTE LA SITUACIÓN DE EMERGENCIA MÁS GRAVE DEL MUNDO.

 “Todas las partes en conflicto usan el hambre y la necesidad como arma de guerra y bloquean de manera habitual el transporte y la entrega de ayuda.

El país está inmerso desde marzo de 2015 en el último capítulo de una larga historia de conflictos internos. Actualmente, las fuerzas huzíes y la coalición internacional liderada por Arabia Saudí se disputan el control de su territorio.

Hasta para los expertos resulta difícil trazar el mapa de la red de alianzas cambiantes que ha marcado la historia de Yemen y sus conflictos.

Haciendo un resumen rápido, los huzíes y sus aliados representan a la minoría chiita del país y estarían, según muchos, respaldados por la potencia chií por excelencia, Irán. En marzo de 2015, cuando su avance hacia la conquista del total control del país parecía imparable, Arabia Saudí lideró una coalición de países suníes e inició una campaña de bombardeos masivos que dura hasta la fecha y que es la principal responsable de las más de 6.000 muertes de civiles causadas directamente por el conflicto.

Irónicamente, el nombre de la campaña es Restaurar la Esperanza.

UN PAÍS BAJO ASEDIO

Esperanza es algo que no abunda en este país en el que tres cuartas partes de su población necesitan de ayuda humanitaria. De los 22,2 millones de yemeníes que dependen de ella, 8,4 millones estaban al borde de la inanición a mediados de agosto de 2018. Casi todos los niños y niñas necesitan la ayuda de las agencias humanitarias para sobrevivir. Todas las partes en conflicto usan el hambre y la necesidad como arma de guerra y bloquean de manera habitual el transporte y la entrega de ayuda. Las agencias humanitarias encuentran graves dificultades para sortear el bloqueo aéreo y marítimo impuesto por la coalición liderada por Arabia Saudí. En la práctica, todo el país es una ciudad sometida a asedio.

Tanto los combates terrestres como especialmente los bombardeos aéreos han atacado, dañado y destruido infraestructura civil, incluidas escuelas y hospitales. La alta frecuencia de estos hechos indica que no estamos ante errores de cálculo, sino ante una estrategia deliberada. En la práctica, pues, toda la población civil del país es a la vez rehén y objetivo de alguna de las partes del conflicto.

Decenas de personas han sido sometidas a desapariciones forzosas y otras violaciones de derechos humanos. Todas las partes en conflicto han sometido a amenazas, hostigamiento e intimidaciones a activistas de los derechos humanos y periodistas (al menos 16 informadores han muerto desde finales de 2014). En el caso de las desapariciones forzadas, destaca el papel de las fuerzas locales al servicio de los Emiratos Árabes Unidos, el país que después de Arabia Saudí juega un papel más prominente en la coalición anti-huzi. Han sido especialmente activas en la detención de decenas de varones yemeníes, varios de los cuales siguen en paradero desconocido. Estas desapariciones van en general sumadas a actos de tortura y otros malos tratos.

Por si el horror causado por la guerra y la amenaza del hambre no fuera suficiente, Yemen sufre el peor brote de cólera de las últimas décadas, con más de un millón de personas afectadas y más de 2.000 muertes.

Un reciente brote de difteria se está expandiendo rápidamente, sobre todo entre la población infantil.

ARMAS BAJO CONTROL

Con las sucesivas tentativas de encontrar una salida dialogada al conflicto fracasadas una tras otra, la población parece condenada a seguir atrapada entre dos fuegos. Tan solo una decidida acción de la comunidad internacional imponiendo un efectivo embargo de armas podría hacer que las partes reconsiderasen sus posiciones.

Especialmente importante sería, como reclama Amnistía Internacional, un embargo sobre la venta de armas a Arabia Saudí.